El holograma de Tupac: los muertos vuelven al escenario
Expediente de abril. En el festival de Coachella, en mitad del concierto de Snoop Dogg y Dr. Dre, apareció en el escenario TUPAC SHAKUR. Tupac lleva muerto desde 1996. Y ahí estaba: torso desnudo, moviéndose, saludando al público («¿qué pasa, Coachellaaa?», gritó un festival que no existía cuando murió), y cantando dos temas antes de desintegrarse en luz.
El caso
Era un «holograma» (técnicamente una proyección sobre pantalla invisible, el truco teatral del fantasma de Pepper, de 1862, con músculos digitales de 2012). El público presente pasó del grito a la piel de gallina, e internet ardió una semana entera entre el asombro, los memes y el debate: ¿homenaje o profanación?
Lo que he entendido
Que la tecnología acaba de abrir una puerta que ya no se cierra: los muertos pueden volver a actuar, y la única barrera es el buen gusto de los vivos, que es una barrera bajita. Vendrán giras de fantasmas, aviso. A mí el truco me maravilló y me dejó un frío raro, las dos cosas: hay algo hermoso en volver a ver al artista, y algo turbio en hacerle decir «Coachella» a quien nunca pudo opinar. Los fantasmas, en las canciones, que ahí ya vivían. Ahí molestan menos.
Del archivo del consultorio: este expediente se escribió en 2026, recuperando lo que pasó en la fecha que encabeza la entrada. Los hechos, los enlaces y los vídeos son de entonces; el comentario, de ahora.
