Barbenheimer: rosa chicle y bomba atómica, sesión doble
Expediente de julio, y es acontecimiento histórico: el mismo día se han estrenado Barbie, la película más rosa jamás filmada, y Oppenheimer, tres horas de física y remordimiento sobre el padre de la bomba atómica. En cualquier época sensata, dos públicos distintos. En esta: UN SOLO PLAN, llamado Barbenheimer, y consiste en verlas las dos seguidas, a poder ser vestido para la ocasión.
El caso
Lo que empezó como un chiste sobre el choque de estrenos acabó en fenómeno mundial de verdad: entradas dobles, gente de rosa entrando a ver la bomba atómica, debates muy serios sobre el ORDEN correcto (primero Oppenheimer, luego Barbie para curarse; en esto hay consenso), y las dos películas batiendo récords gracias a la rivalidad que se suponía que las perjudicaba:
Lo que he entendido
Que internet convirtió la cartelera en un menú del día, y que la gente tenía tantas ganas de un acontecimiento compartido que se lo fabricó con lo que había: contraste absoluto y un nombre pegadizo. Fui a las dos, por supuesto, en el orden canónico. Salí del cine convencido de dos cosas: de que la humanidad está condenada y de que Ken es un tipo incomprendido. El verano de 2023 se explicará con una palabra inventada, y me parece bien.
Del archivo del consultorio: este expediente se escribió en 2026, recuperando lo que pasó en la fecha que encabeza la entrada. Los hechos, los enlaces y los vídeos son de entonces; el comentario, de ahora.
